cine

CASSANDRA´S DREAM



Director: Woody Allen
Genero:Crimen / Drama / Thriller
Tagline: Que tan lejos irías para hacer tus sueños realidad?
Pais: USA/UK
Duración: 108 min.

Es exquisito. El acto mismo de encontrar una cinta que se toma en serio a sí misma y se revuelve como un animal herido contra todo aquello que quede fuera de la propia cinta y prescinda de los clichés postmo para retornar a la raíz misma de lo narrado, al símbolo preciso y a la estética desangelada (o des-religiosa: no hay ningún Dios en la última de Allen) es, simplemente exquisito. Percibir los aromas que se esconden tras las texturas, los colores de una escena indie en Londres, los parques gélidos en los que se producen persecuciones humildes y bien dibujadas... es un nuevo Allen que por fín ha encontrado el pulso, el latido, aquello que quería decir y lo ha dicho, sin más.

El director ha dejado de jugar a ser Bergman para empezar a jugar a otra cosa, un juego muy serio y responsable en el que la cámara es un bisturí, un carnívoro cuchillo que traza sobre la piel el trazo de la culpa. No tiene nada que ver (y en esto me enfrento a casi todas las críticas que intentan ver en las últimas cintas de Allen un retorno a Dostoievski) con "Los hermanos Karamázov" ni con "Crimen y castigo". La piedad ha sido expulsada de la cinematografía del director como un invitado mal recibido y ahora hay un borrón cinematográfico para hablar de otra cosa muy distinta, con una voz mucho más tenebrosa y solemne. Viendo "Cassandra´s dream" se tiene en ocasiones la sensación de estar siendo tragado por el texto fílmico, la náusea de un vacío nervioso en el que se refleja una pared sucia que podría ser el pulso de Occidente, algo parecido a un desfiladero hermético a medianoche. Nadie insulta al espectador, antes bien, lo que se propone es una reflexión demasiado incómoda como para salir de la sala sin haber sido salpicado.

Esta película está a millas de aquel pseudoexperimento que fue "Match Point" o de la amable fabulilla de "Scoop". Ahora hablamos otro idioma que bien podría comenzar con un Woody Allen que parece otro director, otra historia, otro pensador que de pronto ha decidido quitarse el maquillaje en mitad de la función para aterrorizar al público. Todo es sencillo en la realización (magnífica partitura de Phillip Glass, tenía que decirlo) y todo se derrama con un tacto de lija olvidada, como si esta cinta fuera en realidad un armario polvoriento lleno de esqueletos. Lo importante, queda dicho, es la exploración de la culpa, la exploración del pecado mismo, la mirada sobre aquellos que se aferran con fuerza a un barco que zozobra en mitad del océano del XXI.

Ayer, al salir de la sala, tuve la sensación de que por primera vez en algunos años Woody Allen volvía a hablar con seguridad, con la fiereza que no-cabría-esperar de su propio personaje. Estamos hablando de otra cosa, ni mejor ni peor, pero por primera vez, estamos hablando de un concepto nuevo frente al que hay que guardar un silencio emocionado y sincero.
Simplemente esquisito.
arodriguez.

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